escribiendo en plata
miércoles, 1 de junio de 2011
miércoles, 11 de mayo de 2011
Bob Marley: del gueto a estrella del tercer mundo
El primer recuerdo que tengo de Bob Marley es en la antigua habitación de mi hermana siendo yo (imagino) una adolescente. Ella escuchaba ‘Buffalo Soldier’ y me explicó que hablaba de “soldados robados de África y traídos hasta América”. Me llamó mucho la atención que una música tan fresca, un ritmo tan agradable, un sonido tan veraniego hablara de algo tan duro como la esclavitud.
Desde entonces puedo recordar miles de momentos en los que la música del ‘profeta’ jamaicano ha puesto banda sonora a mi vida. En mi última etapa bonaerense era una constante, muy acorde con la gente que me rodeaba y la vida que llevaba.
Pero no sólo ha puesto música en la vida de mucha gente. También ha sido un ejemplo, un mito, un icono. Dicen, de hecho, que es el tercer icono universal después de Jesucristo y del Che. El caso es que en su día, rompió las reglas. Era un músico mulato criado en Trechtown, uno de los guetos de Kingston, Jamaica, que pregonaba la paz y el amor universales y que abogaba por el fin de las opresiones. Una filosofía cuanto menos curiosa teniendo en cuenta cómo maltrataba a su mujer, Rita Marley…
Predicaba la religión rastafari (que aúna profecías bíblicas, filosofía naturista y nacionalismo negro) y veía en Haile Selasiee un modelo a seguir, aunque algunos de sus preceptos (como el de no recortar el vello de la cara) no los asumía. Sí que era vegetariano y no bebía alcohol ni fumaba tabaco, como mandaba el rastafarismo.
Lo que sí fumaba, en cantidades ingentes, era marihuana, una costumbre que le ha llevado a convertirse en símbolo de esa hierba (y del hachís) desvirtuando completamente el sentido (litúrgico) que él le daba a la ganja. Ahora cualquier niñato que presuma de fumarse porros como trompetas lleva una chapa de Marley en la cazadora sin tener ni idea (seguramente) de la religión, la profundidad y la ideología que se esconde detrás de esa chapa roja, verde y amarilla. Esa, por cierto, ni siquiera es la bandera de Jamaica, si no la de Etiopía, sancta sanctorum de los rastafaris.
Hoy hace 30 años que la primera estrella mediática del Tercer Mundo moría en Miami. Tras ser tratado por la metástasis de su cáncer en Alemania había decidido regresar a Jamaica para pasar allí sus últimos días, pero la muerte se le adelantó y le pilló haciendo escala en Estados Unidos.
Muchos escriben hoy que “aquel día murió el hombre y nació la leyenda”. Es una frase bonita, pero en mi opinión la leyenda se había forjado antes, cuando un hombre negro llenaba los estadios de los cinco continentes, cuando su voz contagiaba a los oprimidos y calentaba los corazones de los colonizados, cuando sus guitarras y sus bongós provocaban que millones de personas se pusieran en marcha.
‘No woman no cry’, ‘I shoot the sheriff’, ‘Could you be loved’, ‘Exodus’, y mi favorita, ‘Redemption song’, son ya patrimonio de la humanidad y sus sensuales notas se escapan, todavía, desde las ventanas de Nepal, San Francisco, Soweto o Sidney. Y esperemos que sea así por mucho tiempo más. Desde luego en los sonidos que escapan de mi cuarto, y del de mi hermana, siempre tendrán un puesto honorífico.
Os dejo el link de un documental muy interesante de TVE sobre el rey del reggae
lunes, 25 de abril de 2011
Happythankyoumoreplease, la peli de Ted Mosby
Sí, es “la peli de Ted Mosby”. Él, Josh Radnor, la ha escrito, la ha dirigido, y la protagoniza. Se ha construido un personaje a su medida, un nuevo Ted con barba, (un poco) más maduro, (un poco) más profundo, pero muy semejante en el fondo. Por eso para quienes hemos seguido How I meet your mother no sorprende demasiado el personaje principal.
Se trata de un escritor treintañero que busca su identidad, su lugar en el mundo, su vida. Como buena película americana que es, todo esto se define en una sola cosa: el amor. Por eso creo que esta película podría haber sido una gran película, un icono cinematográfico de una generación, una gran huella indie que reflejara el malestar de la juventud actual, un espejo de los nacidos en los 80. Pero… se queda floja.
Para empezar, el argumento básico a partir del cual se desarrolla la historia es un poco absurdo, lo cual no ayuda a su credibilidad. Que un escritor treintañero que no termina de encontrar su camino se “encuentre” a un niño y se lo quede… A mí no me cuadra demasiado. A partir de ahí comienza una sinfonía de personajes que rodean a este nuevo Ted que en la película se llama Sam y que, igual que él, pululan por la vida defendiéndose como buenamente pueden de los abismos que les presenta la vida. Fracasos profesionales y amorosos, problemas de salud y de autoestima, frustraciones difíciles de tolerar… esos problemas burgueses que atormentan a veinteañeros y treintañeros de todo el globo, que podrían parecer menores e irrisorios a ojos ajenos pero que están medrando las ilusiones y las esperanzas de miles de personas.
El escenario donde se desarrolla esta historia de búsqueda (interior) es Nueva York, y al igual que pasa con Woody Allen en sus primeros films, es casi un personaje más. O al menos esa es la pretensión del director, y aunque lo consigue sólo a ratos, si es cierto que es mucho más que la mera ciudad en la que viven sus protagonistas.
De hecho, en una de las tres historias de amor que se narran, Nueva York es incluso una marca de identidad, una casa, un lugar del que ella no se quiere marchar. Ésa, la de Zoe Kazan y Pablo Schreiber, la de la chica que se quiere quedar en su ciudad y el novio que se quiere marchar a Los Ángeles fue, por cierto, la historia que más me gustó. La más auténtica, la más sentida, la más coherente y la menos edulcorada y ‘americana’ de todas.
Las otras dos, por muy indie que pretenda ser Radnor, no dejan de ser dos historias mil veces contadas, mucho más ‘american way of life’ que indies, mucho más previsibles de lo que, imagino, pretendía.
Pero en conjunto, y a pesar de los resbalones costumbristas y las carencias, a pesar de un final que empalaga, la película funciona. Gracias en parte a una banda sonora original digna de ser cabeza de cartel en Galstonbury o en el FIB, a cargo de la cantante folkie Jaymay, es decir, la misma que le pone la música a Cómo conocí a vuestra madre, también. Muy recomendable, por cierto, podéis escuchar la BSO aquí
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Cine
jueves, 14 de abril de 2011
Feliz no cumpleaños, República
Hoy hace 80 años se proclamaba la segunda república española. Hoy hay muchas cosas que nos vendría bien recuperar del espíritu de ese régimen que llegó cargado de ilusiones y esperanzas para muchos españoles. Reforma agraria, voto femenino, educación, laicismo, divorcio… Ya en 1931 se pensaba en estos y muchos otros avances. Algunos los hemos conseguido, otros todavía son una utopía.
Más allá de monarquía sí o monarquía no, y sin restarle la importancia que tiene este debate, la República es mucho más que poner o quitar un Rey. Al menos la del 31 lo era, hasta que un golpe de Estado terminó con ella. Con el mayor proyecto democrático en España hasta el momento, con los avances políticos y sociales, con las esperanzas, con los sueños de muchos españoles. Y con las vidas de muchos más.
Sin negar los fallos de la República, hay que ir superando ya la ingente campaña dedicada a manchar la memoria de un periodo que, si hubiera sido más largo (si se lo hubieran permitido), hubiera desembocado en un país radicalmente diferente al que hoy conocemos. Y seguramente, mejor.
Desde luego, mucho más culto. Filósofos, poetas y músicos de ambos bandos fueron fusilados en la Guerra Civil. De los que sobrevivieron, la gran mayoría tuvo que huir al exilio. Después, el régimen franquista persiguió de forma sistemática a la intelectualidad de izquierdas y privó al país de muchas (¡muchas!) de sus mentes más brillantes. Las mentes que quedaron en cunetas y cárceles ya no volvieron a pensar, ni a enseñar, ni a recordar. Aún arrastramos ese déficit.
También nos quedamos sin la Institución Libre de Enseñanza, sin las misiones pedagógicas, sin la Barraca de Lorca, la Residencia de Estudiantes…
Yo sólo tengo 26 años, muchos me piden explicaciones cuando hablo de Historia “tú que sabrás si no lo viviste”… Mucha gente de mi edad considera la República tan lejana como el Pleistoceno. Yo no. A mí no me gusta la España en la que vivo, la sociedad que me rodea. Me hubiera gustado vivir en un país cuya memoria no fuera dolorosa, en un país sin bandos tan marcados, sin sangre en las cuentas, sin odios tan enraizados que somos aún incapaces de arrancarlos. Que no hiciera falta que ninguna de las dos Españas me rompa el corazón. A mí me hubiera gustado nacer en una España en la que no hubiera habido Guerra Civil, y vivir aún en la Segunda República, enésimo gobierno. A lo mejor así no seríamos un país de pandereta, a la cola de Europa, tan insolidario, tan de chiste… A lo mejor así me sentiría orgullosa de ser Española y de una bandera de la que se apropió el bando represor. A lo mejor…
Foto: Jaume D`Urgell (vía Flickr)
Más allá de monarquía sí o monarquía no, y sin restarle la importancia que tiene este debate, la República es mucho más que poner o quitar un Rey. Al menos la del 31 lo era, hasta que un golpe de Estado terminó con ella. Con el mayor proyecto democrático en España hasta el momento, con los avances políticos y sociales, con las esperanzas, con los sueños de muchos españoles. Y con las vidas de muchos más.
Sin negar los fallos de la República, hay que ir superando ya la ingente campaña dedicada a manchar la memoria de un periodo que, si hubiera sido más largo (si se lo hubieran permitido), hubiera desembocado en un país radicalmente diferente al que hoy conocemos. Y seguramente, mejor.
Desde luego, mucho más culto. Filósofos, poetas y músicos de ambos bandos fueron fusilados en la Guerra Civil. De los que sobrevivieron, la gran mayoría tuvo que huir al exilio. Después, el régimen franquista persiguió de forma sistemática a la intelectualidad de izquierdas y privó al país de muchas (¡muchas!) de sus mentes más brillantes. Las mentes que quedaron en cunetas y cárceles ya no volvieron a pensar, ni a enseñar, ni a recordar. Aún arrastramos ese déficit.
También nos quedamos sin la Institución Libre de Enseñanza, sin las misiones pedagógicas, sin la Barraca de Lorca, la Residencia de Estudiantes…
Yo sólo tengo 26 años, muchos me piden explicaciones cuando hablo de Historia “tú que sabrás si no lo viviste”… Mucha gente de mi edad considera la República tan lejana como el Pleistoceno. Yo no. A mí no me gusta la España en la que vivo, la sociedad que me rodea. Me hubiera gustado vivir en un país cuya memoria no fuera dolorosa, en un país sin bandos tan marcados, sin sangre en las cuentas, sin odios tan enraizados que somos aún incapaces de arrancarlos. Que no hiciera falta que ninguna de las dos Españas me rompa el corazón. A mí me hubiera gustado nacer en una España en la que no hubiera habido Guerra Civil, y vivir aún en la Segunda República, enésimo gobierno. A lo mejor así no seríamos un país de pandereta, a la cola de Europa, tan insolidario, tan de chiste… A lo mejor así me sentiría orgullosa de ser Española y de una bandera de la que se apropió el bando represor. A lo mejor…
martes, 12 de abril de 2011
Lo nuevo de Vetusta Morla
Han vuelto. ¡Por fin! Tardaron 10 años en sacar su primer disco, ‘Un día en el mundo’, pero se han tomado menos de tres para volver. Vetusta Morla presentará el 3 de mayo su nuevo trabajo, ‘Mapas’, pero ya ha dejado caer un adelanto en la red, como el que deja unas miguitas para seguir el camino. Y ese camino es el mismito que marcaron desde el principio. ‘En el río’, el tema que nos han regalado, no suena a otra cosa que a Vetusta Morla. La música sigue siendo igual de profunda y cuidada y la voz de Pucho no ha perdido su originalidad. Es un tono al que resulta difícil acostumbrarse, a mi me pasó como con la cerveza, al primer trago casi me atraganto pero ahora no puedo dejarla. Vetusta Morla fue lo mismo, al principio se me atascaban sus canciones pero ya forman parte de mi banda sonora vital.
Tuve la suerte (gracias al gran Santiago Alcanda) de compartir una tarde con uno de los miembros del grupo, Guille, que nos contó de primera mano cómo fue la experiencia de ‘Un día en el mundo’.
Ahora son también ellos los que explican (mediante nota de prensa) qué es ‘Mapas’.
"El próximo 3 de mayo vamos a dejar 12 canciones metiditas en una cesta en la orilla del río. Un suave empujón y quedarán a merced de la corriente, dejándonos un vacío que gira hasta convertirse en una vorágine dentro de nosotros. El pobre recipiente de mimbre va a ser zarandeado, va a zozobrar, casi a volcar. Va a ser el juguete de los remolinos, va a subir y bajar sobre las ondas mientras escucha, provenientes de la ribera, griteríos y cantos de sirena, dejando atrás casas, intersecciones, islas de ciudad, mirillas y retrovisores.
Puede parecer cruel por nuestra parte, pero es justo lo que teníamos que hacer con la criatura: abandonarla. Dejarla a su suerte porque nosotros ya no le podemos dar más. Que pertenezca a otros, que la juzguen, que la ensanchen, que la muevan de acá para allá. Y que el torrente la convierta en lo que pudo ser y en lo que nunca quiso ser, en lo que nos hace grandes o miserables. Y como queremos que apliquen su fuerza sobre ella todas las moléculas de la riada, la ponemos a disposición de los 4 vientos a través de un mecanismo que no podría tener un nombre más apropiado: “streaming”. A punto de darnos la vuelta y dejar la orilla, convencidos de haber cambiado con éxito el fuego por palabras, nos daremos cuenta que no le hemos puesto nombre. Mapas, sugiere alguien. Mapas de lo que somos, trazos de nuestras conquistas, fracasos pasados o en presente continuo, colecciones de medallas y arañazos. Mapas que nos ponen delante otro mapa sin leyenda con el que avanzar, construir, o, tan solo, entender el presente. Mapas también porque esas canciones son como planos que intentan representar una realidad inabarcable.
Igual que un mapa, solo son una tosca proyección esquemática de un territorio personal, una reducción que es imperfecta y traicionera, pero que es la última esperanza para escapar de la soledad y la incomunicación más absolutas. Mientras caminamos abandonando el cauce, intercambiaremos anécdotas sobre su nacimiento múltiple. Nos acordaremos de cómo sacó primero los pies y luego la cabeza. Primero en un recóndito lugar de Guipúzcoa, con todos nosotros empujando juntos en la misma habitación, como una parturienta que registra sus contracciones en una bobina magnética.
Luego, en Madrid, salió la cabeza y le recortamos el pelo con unas tijeritas informáticas y le limpiamos las comisuras con un pañuelo digital, haciendo de la cirugía musical un acto gloriosamente anacrónico. Justo cuando nos hayamos apartado lo suficiente como para que el rumor del agua esté a punto de desaparecer, desearemos en voz baja que, cuando el retoño llegue al final de su camino de baldosas amarillas, se acuerde de sus progenitores y nos envíe unas postales sin sellar. Para entonces ya estaremos eligiendo qué equipaje dejamos atrás y cuál cargamos en la espalda antes de iniciar el siguiente viaje… esta vez sin mapas".
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